Historias insólitas de la arqueología. Dioses, piratas, crímenes y otras crónicas del pasado

Autor:
Álvarez Jiménez, David
Editorial:
Erasmus ediciones
ISBN
9788410199002
Idioma
Español
Fecha de Publicación
2026
Nº de páginas
270
Formato
Rústica con solapas
Disponibilidad:
Disponibilidad inmediata
19,95€

¿Sabías que un coleccionista romano atesoraba fósiles de dinosaurio?¿Es posible que un ritual aborigen se haya repetido, sin interrupción, durante quinientas generaciones? ¿Hubo sacrificios humanos en los ritos de vudú? ¿Por qué una mujer calcolítica fue enterrada con su propia cabeza entre las manos?

Aunque los hallazgos más monumentales son los que acaparan los titulares, no hay que olvidarse de aquellas otras investigaciones que, aun siendo menos deslumbrantes, son igualmente trascendentes. Pues desvelan el alma humana y nos ayudan a comprender mejor nuestro pasado y nuestro presente.

La investigación arqueológica vive hoy una época dorada gracias a la aplicación de nuevas tecnologías que están propiciando una auténtica revolución del saber. Fruto de este nuevo rigor científico, el Dr. David Álvarez Jiménez nos desgrana descubrimientos recientes que han reportado evidencias insólitas e historias increíbles que conectan directamente con nuestra actualidad y con la invariabilidad de la pulsión humana.

Asómate a los rincones más inquietantes de nuestro pasado, donde el canibalismo desesperado en el Ártico convive con el inesperado consumo de cocaína en la Milán barroca, los narcóticos que ingerían los guerreros germanos antes de la batalla o crímenes milenarios hoy resueltos por la arqueología. A través de estas páginas conocerás la pragmática reutilización de tumbas faraónicas, el último festín de ostras de una ciudad antes de ser abandonada y crónicas de piratas, esclavos o rituales prohibidos; relatos que, entre banquetes de lujo y sacrificios de sangre, nos devuelven la imagen de una humanidad que lleva milenios habitando la misma piel.

Bienvenido a una arqueología sin filtros. Una invitación a ensuciarse las manos para constatar que el pasado no es un lugar remoto: bajo el polvo de los siglos, el ser humano permanece tan crudo, brillante y maravillosamente indescifrable como el primer día.